Pulp Fiction, 1981 · page 66 of 76
Llegada de un tren (Arrival of a Train) — page 66: what you’re looking at
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—S6lo para los culpables, Ambler, recuérdelo —ri6 sordamente Orwell—. :Tanto miedo tiene a esa posibilidad? —jVayanse al diablo! —refunfunéd Ambler, airado, saliendo con paso rapido de la biblioteca, y alejandose hacia el vestibulo. Oyeron sus pasos, escaleras arriba. Instintivamente, Orwell miréd a Hazel Knox. Ella hizo accion de seguir a su inseparable Osmond. Shirley, afectuosa, fue hasta su companera, la rode6 con un brazo, y murmur6 cariNosamente: —Deje que él vaya solo. Es hora de que se libere un poco de ese hombre, querida. Es absorbente, autoritario... Seguramente desea deambular por la casa en busca de los fantasmas que le atormentan... o huir de ellos, en todo caso. No tardara en volver. —No crea que él es asi —gimié la enfermera—. Mas bien esta necesitado de mi. No es él quien me controla, sino yo a él... — Usted? —se sorprendio ella—. Pues querida, no lo parece en absoluto... —En su modo de ser. Esta enfermo. Muy enfermo. Creo que sus psicosis han vuelto a él, pese a todos los tratamientos del doctor Corman y a su alta médica, senorita Dillman. Ahora mas que nunca, me necesita. Debo cuidar de él constantemente, servir de freno a sus crisis y exaltaciones... Soy mas su enfermera que su amante, gcomprende? Sorprendida. Shirley Dillman asinti6 en silencio, cambiando una mirada con Orwell. Este dirigi6 su mirada al exterior de la biblioteca. Desde lo alto de la escalera, se veia danzar una luz en la planta superior. Era una luz tenue, amarillenta. Sin duda, un encendedor, un fésforo o una vela manejado por Osmond Ambler en su deambular por la mansion desolada. —Voy en su busca yo —dijo Kevin con repentina decisi6n—. Es mejor que no nos separemos unos de otros mientras permanezcamos aqui. Esta casa tiene algo siniestro y oscuro que me da escalofrios... Nadie objet6 nada. Clemens parecia feliz quedandose con las dos mujeres y John Corman. Orwell abandon6 la biblioteca, dirigiéndose a la zona de sombras. La voz apacible de este ultimo le aconsejé, cuando pisaba ya el vestibulo: —Encontrara un quinqué en un mueble, a un lado de la escalera. Utilicelo, Orwell. Las sombras siempre asustan a las personas, sean inocentes o culpables... Kevin no respondi6 cosa alguna. Siguid esas instrucciones. La llama azulada del quinqué ilumin6o la escalera. La subi6, en medio de un bailoteo fantasmal de sombras inciertas. Paso a paso, ascendi6é hacia la planta, por donde deambulaba Osmond Ambler. Le llam6 con voz clara y potente; _ 1: ! jAmbler! j;Ambler, responda! Venga a reunirse fonmgo -¥ NO. .