Pulp Fiction, 1981 · page 58 of 76
Llegada de un tren (Arrival of a Train) — page 58: what you’re looking at
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—Algo de beber, senores? —No, gracias —rechaz6 apagadamente Shirley Dillman—. No podria tragar ni una gota de agua. Siento mi garganta como si fuese fuego. —Yo tomaré un brandy, por favor —dijo Ambler roncamente—. Y otro para Hazel. —Yo preferiria un buen scotch, si lo hay —jade6 Clemens, livido y sudoroso todavia. —Yo también, John —corrobor6é Orwell, cenudo, con la mirada perdida en las filas interminables de volimenes. En silencio, el ferroviario sirvid las bebidas solitarias y las fue situando ante cada uno de sus extranos invitados. La atmdosfera del viejo asilo para enfermos mentales, se habia vuelto, de repente, densa y sofocante. De vez en cuando, uno u otro dirigia una mirada de angustia hacia las sombras del resto de la casa, a través de la puerta, recordando sin duda que alli yacia un hombre muerto, brutalmente acuchillado por la espalda, en la breve fraccién de tiempo de dos o tres segundos, y por una mano tan certera como despiadada. Sin embargo, penso Orwell con un estremecimiento, mirando a sus companeros de peripecia, uno de aquellos personajes, un hombre o una mujer de quienes compartian con él la _ hospitalidad desconcertante de John Corman, era el asesino. A menos que lo hubiera sido el propio John, cosa harto improbable... o él mismo, y su memoria le hubiese vuelto a jugar una mala pasada. Pero Kevin Orwell no recordaba llevar encima de si mismo alguno un cuchillo como aquél. Y menos atin admitia la posibilidad de que su amnesia sufriese recaidas bruscas y momentaneas. Crei recordar perfectamente cada instante de aquella noche de pesadilla, desde que tomara el tren en la pequena estacién de King' Lynn, distante poco mas de dos horas de la King's Cross, en Londres, y a la que habian llegado por diversos medios los viajeros, dada la extrana averia de un tren, entre Londres y King's Lynn, bloqueando la via precisamente en esa noche a lo largo de ese tramo inicial de la via férrea de Edimburgo. No, él podia sufrir una amnesia parcial que le impedia recordar cierta época suya, en la que se incluia su reclusi6n en aquella mansion convertida por el difunto doctor Corman en asilo-residencia de enfermos mentales, pero en modo alguno admitia ser un asesino. Ni creia haberlo sido en ese lapso de tiempo en blanco, aunque de eso ya no podia estar seguro. —Bien... —se interrumpieron los pensamientos de Orwell cuando alguien habl6, y result6 ser Ramsay Clemens—. De modo que hemos vuelto aqui para encontrar a los presuntos responsables de tres muertes violentas acaecidas en este recinto. Y ahora, -¥aSon, cuatr O CO