Pulp Fiction, 1981 · page 23 of 76
Llegada de un tren (Arrival of a Train) — page 23: what you’re looking at
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Tenia que ser eso, sin duda. jConnery! El nombre le record6é algo, de inmediato, en tanto sus restantes companeros de asiento se ponian ya en pie en plena oscuridad, entre lamentos o maldiciones, segtin los casos, aunque aparentemente todos sanos y salvos. Habia habido algo mas al caer el rayo sobre ellos: un grito. Un segundo grito, procedente de otro lugar del vag6n. Y el Unico ser viviente en éste, aparte ellos cinco y el empleado, era Colin Connery, el viajero que ocupaba el compartimento vecino. Se dirigié a tientas a la salida del angosto recinto en sombras, guiandose por un destello blancuzco que, de pronto, habian captado sus ojos, habituados a la repentina oscuridad, alla en la noche surcada por la lluvia y por relampagos ya mas distantes y débiles. Ese destello blancuzco, quiza de alguna luz de situacién en las vias ferroviarias, pro venia de una ventanilla del pasillo. Y guiandose por esa leve claridad difusa, que hacia brillar cristalinamente los regueros de agua en los vidrios, camino hacia el corredor, diciendo en voz alta: —Han olvidado al senor Connery? Crei oirle gritar cuando cay6é el rayo... —Tenga cuidado —soné6 la voz del interventor—. Puede hacerse dano en la oscuridad, senor Orwell. Kevin se sintid en esos momentos dominado por un extrano y lugubre sentido del humor. Record6é lo que habia oido en boca del singular empleado. Y lo que leyera en el billete ferroviario, para pasmo suyo y de todos los demas. —Si nuestro destino es la Muerte, ;qué importa lo que pueda sucederme ahora? No puede haber nada peor que morirse, ¢no es cierto? Sali6 al pasillo, logrando abrir la atrancada puerta del compartimento con ciertas dificultades, mientras con tono de amarga ironia, era respondido por el interventor: — No lo creo, senor Orwell. Hay cosas peores que la misma muerte. Alguna vez las descubrira, antes de que llegue a su destino final, estoy seguro. Ahora, de momento, lo cierto es que todos ustedes estan con vida. Y deben luchar por sobrevivir, sea cual sea ese punto de destino adonde se dirigen. Es posible, senor Orwell, que todavia no sea su hora... Dej6 atras el compartimento y a sus companeros de viaje, con el alucinante recuerdo de esas sentencias oscuras y siniestras flotando en el aire y en su propia mente. ;Quién era aquel hombre que revisaba billetes en un tren nocturno rumbo a una estacién que no podia existir? gPor qué hablaba asi? ;Qué queria decir con sus oscuras y equivocas palabras? ¢Le habia visto realmente, convertido en una calavera vi iente?, 3 C@©