Pulp Fiction, 1981 · page 10 of 76
Llegada de un tren (Arrival of a Train) — page 10: what you’re looking at
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La soledad del vagon le impresiono. Si nadie viajaba en segunda, gquién lo hacia en primera? Ni un solo compartimento estaba ocupado. Pas6 ante cinco de ellos, totalmente vacios. El sexto tenia un solitario ocupante. Vestia un uniforme azul marino, o tal vez negro desvaido, de conductor del tren (1[1]). Bajo la gorra de ferroviario, el cabello era totalmente blanco y de considerable longitud. El rostro, palido y afable, de sonrisa cortés, era largo, anguloso y correcto. Los ojos, de un azul desvaido, casi glauco. —Por favor, senor, pase —invit6, incorporandose y abriendo la puerta del compartimento—. Es el tnico compartimento donde funciona la calefaccién correctamente... En los demas notaria frio a la larga... Oh, veo que no viene solo. Hay mas viajeros... Contempl6 a los que subian al tren. Su sonrisa se amplio. Inclin6ése, servicial, insistiendo: —Entren aqui, se lo ruego. Este es el tnico compartimento confortable. En esta linea viaja poca gente de noche y no esta demasiado bien cuidada. Ademas, tuvimos problemas en Coventry y hubo que desenganchar unos vagones... Pueden pasar, por favor. Es un compartimento cOmodo para ocho personas... y veo que ustedes sdlo son seis. L calefaccién solamente esta a tope aqui, y la noche va a ser fria sin duda alguna. Nos espera un buen temporal en cuanto lleguemos a la region de Nottingham... Los viajeros no parecian deseosos de compartir un mismo compartimento. Se observ6é claramente su vacilacion, la forma en que dudaron, pensando en ir a otros situados mas cerca. Sdlo el tipo solitario de la sala de espera, el del abrigo a cuadros, optd6 por rechazar la oferta del interventor del tren. —Es igual, gracias —manifest6 secamente—. Creo que estaré bien en cualquier otro compartimento. No soy friolero. Y siguié adelante, abriendo la puerta del inmediato y metiéndose en él sin mas explicaciones. Cerro la puerta tras de si, al tiempo que el interventor sonreia, manifestando con suavidad: —Como quiera, senor. Cada uno es libre de elegir... Los otros cinco no dudaron. El calor que desprendia el compartimento abierto era demasiado grato para rechazarlo. Se acomodaron en los confortables asientos mullidos. La ventanilla aparecia cubierta de vaho que hacia imposible distinguir la estaci6n, salvo por la situaci6n de sus blancas luces fantasmales. El interventor se disculp6, cerrando la puerta y alejandose por el pasillo con movimientos lentos y tranquilos. El viajero observador habia notado que era un hombre notablemente alto, aunque al ir algo encorvado, no daba esa impresion. —Bien... —coment6 cerca de él el viajero de chaqueta de. napa (©