Pulp Fiction, 1940 · page 99 of 104
Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 99: what you’re looking at
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suyos con entereza. Durante algunos minutos, se cambiaron proyectiles en balde. Los atacados bien protegidos, no se mostraban facilmente a las balas, pero lleg6 un momento en que las llamas iban ascendiendo y el humo medio les asfixiaba en aquel lugar ya demasiado bajo. Texas examino el armazon de madera e indicé a lo alto. —Stella, vea de subir alla arriba. Es un poco arriesgado, pero cualquier peligro es menos malo que ser alcanzado por la llamas. Mientras Nino y Texas disparaban rabiosamente para impedir que sus enemigos pudiesen acercarse, la joven reuniendo todas sus fuerzas, empezo a trepar por los travesanos para alcanzar el tramo superior. Era sdlo una tregua a la muerte, pero un minuto de vida era vida. Tras improbos esfuerzos, lo consiguiéd y alcanzando los ultimos rastreles, se mont6é a horcajadas sobre ellos disparando hacia abajo como mejor podia. Texas dio orden a Nino de subir y él lo hizo en ultimo lugar, cuando casi las llamas llegaban al primer piso. Nino coment6é tragicamente: —Bueno va, manito. Cuando se quemen los sostenes y esto se hunda, entre el golpe y las llamas creo yo que no sufriremos mucho, jmaldita sea Sonora! Texas nada dijo, pero mir6é angustiado a la muchacha y hasta estuvo a punto de decir algo que quemaba sus labios, pero el furioso tiroteo de que les hacian objeto se lo impidio. Rabioso, montado sobre una traviesa y casi al descubierto, contestaba buscando las siluetas de sus enemigos que se escondian prudentemente y miraba con angustia hacia abajo, viendo ascender las llamas lentamente, en tanto que los ojos le _ escocian horriblemente a causa del humo. Pero pronto sus nuevas posiciones se hicieron peligrosas. El calor llegaba brutal haciéndoles sudar de un modo copioso y sus ojos lloraban irritados por el humo, mientras la atmosfera acre y reseca del petréleo, requemaba sus gargantas. Texas, considerando la situaci6n desesperada, musito: —Stella, lo siento por usted créame que hubiese dado media vida por salvar la suya. Es usted la mujer que... No tuvo tiempo a concluir la frase. Un escalofriante alarido de cConniclooolks C@©