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Pulp Fiction, 1940 · page 78 of 104

Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 78: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 78: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—Si quieres vivir, vuélvete de espaldas, apoya los codos en el mostrador y no te separes de él. Luego puso un billete de veinte ddélares en el tablero, diciendo: —Joven, pOngame varias latas de conservas buenas y media docena de botellas de buen vino. Un buen trozo de tocino no estara mal. jRapido! El dependiente, asustado, sirvid, tembloroso, lo pedido. —(Falta dinero? —pregunt6 Texas. —No..., no, senor... —Bien, me haria falta un pequeno saco o un morral. :Tiene usted alguno? El dependiente le ofreci6 uno con unas abrazaderas para colgarlo a la espalda por los brazos. Texas anadio diez délares y se colg6 el morral a la espalda. Luego, dirigiéndose al ayudante del sheriff, dijo: —Dile a ese asqueroso coyote que ejerce aqui la ley de los pistoleros, que pronto recibira una agradable visita. Tengo que decirle algo interesante. Y ti no te muevas durante cinco minutos. Sali6 al exterior y una tentacion le asalt6. Tomaria el caballo del ayudante, o éste podria correr mas que él para solicitar auxilio. Sin titubear, mont6é en él y emprendi6 un trote rapido, buscando la salida del pueblo por un lugar mas alejado que el que necesitaba seguir. Sus previsiones fueron acertadas. Apenas habia emprendido el trote, el ayudante salid a la calle lanzando desaforados gritos pidiendo auxilio, y varios jinetes que pasaban cerca, al enterarse del motivo de su llamada, se lanzaron en pos de Texas, aunque ya éste les habia sacado muchos metros de ventaja. Jim se dio cuenta de la persecuci6n y trat6 de evadirla. El caballo no era muy bueno y podian perseguirle otros mas rapidos. Cuando alcanz6 un terreno que le ocultaba a la vista de sus perseguidores, se ape6 rapido, aplico un fiero golpe a la montura, y ésta, libre de su carga, emprendi6 un furioso trote entre un marizo de arboles no lejano. Texas se agazap6 en una zanja con los revélveres amartillados, hasta ver desfilar no muy lejos a los perseguidores, quienes, guiados por el trote del caballo, se perdieron entre los arboles. La obscuridad reinante les habia enganado, y ya libre de cConniclooolks C@©