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Pulp Fiction, 1940 · page 54 of 104

Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 54: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 54: Pulp Fiction, 1940

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

hotel a los tres aventureros, pero no habian contado con la astucia de Texas, y de nuevo fracasaron ruidosamente. Pero todo aquello era accidental. No contaban con dar la batalla decisiva en el poblado, sino en las minas y para organizarla habia estado ya Zenker alli, entrevistandose con Dan y Lansky para prepararles una buena encerrona. Dan, fiando en su fuerza, habia desdenado las sutilezas del astuto secretario. Se creia bastar para hacer frente a ambos enemigos, y desobedeciendo las instrucciones terminantes de Zenker, que les habia ordenado fingir someterse a la autoridad de Texas, hizo cara a éste, con el resultado desgraciado del que él, en primer término, habia tocado las lamentables consecuencias. En cambio, Lansky, mas sagaz, viendo la cosa poco clara, decidi6 seguir las instrucciones recibidas y fingid ponerse al lado de Texas, aunque, en realidad, lo que hacia era seguir fielmente los planes del secretario para tender una buena trampa a los forasteros y cazarles dentro de la mina, de la que no debian salir jamas una vez que penetraran en ella. Cuando el sheriff se present6 en la casita a dar cuenta de la llegada del ingeniero en semejante estado, Zenker rechino los dientes con ira, preguntando: —Pero, ide qué clase de barro estan forjados los hombres aqui, que se dejan vapulear de esa manera por un tipo que no es precisamente el gigante Goliat? Vera, que atormentada por ciertos recuerdos y_ ciertos pensamientos odiaba cada vez mas a Zenker, exclam6, incisiva: —Zenker, no juzgue cosa liviana a Texas, cuando se trata de enjuiciar la labor de los demas. Usted se olvida de su propia actuacion frente a él. El secretario rechin6o los dientes, diciendo: —No es lo mismo, senorita Spack. Yo no soy un pistolero profesional, ni siquiera he presumido de un valor suicida, sino de astucia, A pesar de todo, yo me he enfrentado con Texas en malas condiciones, y hasta cierta vez le tuve preso en mis manos. El diablo, que le protege, le ayud6 a salvarse. —Bien—dijo el financiero—; dejemos el ayer, para ocuparnos de hoy. Lo que le ha sucedido a ese presumido de Dan le esta bien empleado por no ajustarse a nuestras d6rdenes. Ha recibido el cConniclooolks C@©