Pulp Fiction, 1940 · page 101 of 104
Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 101: what you’re looking at
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Nino dud6. Sabia lo que pesaba y temia la caida, pero los palos minados por el incendio crujieron horriblemente y el mejicano comprendi6 que corria mas peligro alli que arrojandose al vacio. —Bueno va, alla voy, pero, jmaldito sea vuestro retrato como me dejéis que bese la tierra con la cabeza! Por fortuna, los cuatro eran resistentes y pudieron recibirle sin detrimento para su fisico. —jRepinto! —exclamé bufando como un hipopédtamo—. He pasado mas miedo que alla arriba. No he nacido para titiritero. Stella se habia desmayado en brazos de uno de los peones. Los momentos habian sido demasiado tragicos para ella y sus nervios no pudieron resistir la alegria de verse a salvo. —Sacarla fuera a que le de el aire —ordenéd Texas—. Vamos nosotros a acabar con esas alimanas. Pero ya la batalla estaba agonizando. Los peones de Jim, intrépidamente, se habian lanzado tras los asustados mineros y éstos, iban cayendo uno a uno sin que hubiese para ellos cuartel o piedad. A poco de separarse del tinglado, éste se desplom6 con estrépito. La atmésfera se hacia irrespirable y se vieron obligados a correrse hacia el respiradero para renovar el aire de sus pulmones. La noche habia caido y un cielo estrellado cubria el arisco paisaje. Texas se acercé a Stella que parecia dormida. —jPobre! — Exclamé6. Ha pasado por un momento terrible. Todos los peones se habian replegado fuera de la mina en espera de que la atmosfera fuese mas respirable que dentro. Tenian que hacer una minuciosa requisa para averiguar si habia quedado algun superviviente y sobretodo, para buscar el cuerpo de Zenker. Jim le habia oido dar 6rdenes y estaba seguro de que se encontraba dentro. Montaron una guardia en el agujero y durmieron al aire libre. Stella volvi6 en si dos horas después y su emocion fue intensa al comprobar que todos estaban salvos y que no habian sufrido bajas. —Creo que hoy hemos nacido de nuevo, Jim—exclamé. —Si, Stella y todo gracias a estos valientes muchachos que han cabalgado durante dos dias sin descansar para llegar tan a tiempo. No le presento a usted a Cripps, porque ya le conoce del rancho. —Si, Jim. Le conozco, como conozco a todos. A tal amo tales cConniclooolks C@©