Pulp Fiction, 1940 · page 99 of 104
Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 99: what you’re looking at
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—No sé... me dolid mucho...; bueno, es igual, ¢para qué justificarme? Fue un momento de debilidad... me tocéd la cuerda sensible... quise demostrarle que era mejor que ella y la ayudé a escapar, pero... no sin que aceptase las condiciones que usted le impuso. Aqui esta el documento firmado en el que me reconoce propietaria de la mina y promete entregar un mill6n de dolares como saldo de la herencia. Tome... no lo quiero para nada... haga lo que quiera con ello. Para mi, habia algo de mas valor en el mundo, que era la estimaci6n de usted y la he _ pisoteado imbécilmente. Y rompi6 a llorar con desconsuelo. Texas, rehaciéndose de la impresién se acercé a ella y pasando su ruda mano por el cabello de la joven, exclamé: —Bien, no se apene usted asi, que la cosa en el fondo no es tan horrible como piensa. Yo lo hubiese hecho igual... aunque mas tarde. No tenia intencién de retenerla toda la vida, ni de cometer con ella ninguna clase de atropello, aunque se lo merece. Seque esas lagrimas y queda perdonada, a condicién de que nunca mas vuelva a realizar un acto asi... Podria poner en peligro su vida y la nuestra. —jOh, no, no! Le juro que no. No lo volveré a hacer mas. Pero, ¢de ver dad que me perdona y no me guarda rencor? —Ninguno. El mal ha sido leve, Stella. La muchacha, enajenada, salt6 a su cuello y de una manera espontanea, inocente, sencilla, le abraz6 estampando en su Loca un fuerte beso. Luego qued6 palida al darse cuenta de lo que habia hecho y dejando caer a tierra el papel firmado por Vera, salid corriendo a ocultarse en su cuarto, donde se dej6 caer en el lecho llorando entre feliz y avergonzada. Texas sintid como si el corazé6n se le abrasase con el fuego de aquel beso y Nino, burl6én, le miré al tiempo que sacaba la lengua y se relamia los labios, diciendo: —Bueno va, manito, creo yo... a mi me ofrecen un bomboén de esos y jque estalle Jalisco en pedazos, si a estas horas no tienen que estarle recomponiendo los huesos del abrazo o asi que le ha dado! —jCallate, Nino! —rugiéd Texas—. Tt qué sabes de... —Yo no —interrumpi6 Nino—, yo no sé nada, pero de eso... jmaldita sea Sonora! De eso, sabe un sapo indecente mas que tu. La llegada de Kildar cort6 el didlogo. El ranchero, turbado, no cConniclooolks C@©