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Pulp Fiction, 1940 · page 90 of 104

Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 90: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 90: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—jNo, no lo ocultes! —rugiéd Vera con desesperacién—. Le amas. Lo sé desde el primer dia y por eso te odio como no te odiaba. Le amas y él te ama a ti. Lo he leido en sus ojos. Esta es mi rabia y mi desesperacion, porque si tu no te hubieses cruzado en mi camino, Texas hubiese sido para mi, porque yo también le amo. Stella, palida como una muerta, oia la confesi6n. Mucho le dolia que su prima hubiese descubierto su secreto, pero ahora le escocia mas que ella declarase aquel amor insano, aunque sabia que jamas podia ser su rival. —Si —bramaba Vera—; le amo como no amaré jamas a nadie en el mundo y porque sé que no es para mi le odio con toda mi alma. Sera mi ruina, lo adivino. No se conformara con hacerme sufrir esta humillaci6n, sino que tratara de arruinarme y si le estorbo, deshacerse de mi. Me lo ha jurado y tt seras su cémplice en este crimen. Stella asustada, se disculp6: —No digas eso, Vera, yo no te quiero mal a pesar de todo. —Demuéstramelo. —, Como? —Escucha. Yo no puedo permanecer un momento mas aqui. Tengo que poner a salvo cosas muy preciosas, ti no lo comprenderias. Texas me ha conminado a reconocer tu herencia y devolvértela, pues bien, escucha. Ahora mismo te firmo un documento en el que te reconozco propietaria de la mina de oro que tenia tu padre en California y te ofrezco devolverte un millén de ddlares, si a cambio me facilitas el modo de huir. Tengo que estar en Washington rapidamente; quiza sea tarde cuando llegue, pero lo intentaré. Dime que si, Stella. Vera hablaba con desesperacion. La angustia de presumir que Texas iba a su villa y que podia descubrir y capturar a su padre, la volvia loca y todo lo hubiese dado por evitarlo. —Pero yo no puedo hacer eso, Vera. El se enfureceria cuando lo supiera. —No te dejo firmado lo que él me pidiéd a cambio de mi libertad? Nada podra reprocharte, salvo la rapidez en dejarme libre... Ademas, te ama demasiado para que pueda enojarse contigo. Stella se qued6 tensa. Su nobleza de alma se imponia sobre todo cConniclooolks C@©