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Pulp Fiction, 1940 · page 82 of 104

Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 82: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 82: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

recorria con la vista los vagones buscando el que traia a la joven, distinguid a ésta asomada a una de las ventanillas agitando vivamente un blanco panuelo. Texas, como un colegial, corri6 hacia el vagon, gritando: —j Stella! La muchacha, con el rostro arrebolado y dos lagrimas de emocion en los ojos, salt6 agilmente del vagén y abrazandose a Jim convulsamente, rompio a llorar, gimiendo: —jOh, Jim, qué alegria!... jCrei que ya nunca mas iba a volver a verle! Texas temblaba de emocion y de alegria. El suave contacto del cabello de la muchacha rozando sus atezadas mejillas, el jadear de su pecho contra el suyo, el dulce roce de sus manos blancas y delicadas apoyadas en su cuello, el aliento calido y enervador de su boca, eran algo delicioso y jamas sentido, que estuvieron a punto de vencerle correspondiendo al abrazo con otro salido del fondo de su alma, pero con un poderoso esfuerzo se serend y tratando de apartarla con dulzura, dijo: — Por qué no, Stella? Yo no he descansado un momento buscandola. —jOh, lo sé... lo sabia sin saberlo! Tenia confianza en usted, pero... aquellos forajidos me amenazaron horriblemente... Tenian proyectado arrojarme al rio con una piedra atada al cuello y dentro de un saco. S6lo esperaban una orden para hacerlo. j;Lo que me han hecho sufrir, Jim! —Bien, olvidelo ya, y sepa que otros estan sufriendo por usted... Sé lo que pretendian, pero mientras lograba localizarle, detuve el terrible golpe. Me apoderé de Vera y su vida respondia de la suya. Stella, al oirle, se desprendi6é de sus brazos temblando y musit6: —jDios!... ¢Ha hecho usted eso? —Ya tendra ocasi6n de comprobarlo. Ahora déjeme que salude a esos buenos mozos que le han protegido y que les de las gracias por su intervencion. Estreché la mano de los «rangers» y conversé brevemente con el sargento que los mandaba. Este le dio algunos detalles del descubrimiento de la choza y de la detenci6én de los tres indeseables que fueron sorprendidos antes de poder ponerse a la defensiva. También advirtid que en previsi6n de que alguien mas pudiese cConniclooolks C@©