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Pulp Fiction, 1940 · page 78 of 104

Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 78: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 78: Pulp Fiction, 1940

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poner en conmocién a todo el rancho y rabiosamente tuvo que desistir para atender a su defensa. Loco de furor, mont6d a caballo y seguido de los pocos supervivientes que le quedaban, emprendio vertiginosa fuga. Si a Nino se unian los peones del rancho, la batalla iba a resultar muy desigual y caeria en manos de su mortal enemigo sin remedio. En la obscuridad de la noche, Zenker se deslig6 de sus secuaces. Si no habian servido entre tantos para llevar adelante sus planes, que el demonio cargase con ellos y les abonase unos honorarios tan mal ganados. Zenker, por lugares extraviados, dio una gran vuelta y se alej6é hacia el Sur en lugar de subir hacia el Norte ante el temor de que tratasen de perseguirle. En Doswell dej6 el caballo en una posada y tomo el tren de la linea «R. F. Pacific», que iba directa a Alexandria y de alli a Washington. Su llegada a la casita de la orilla del rio fue tragica. Spack, que se habia pasado el tiempo contando los minutos, lleno de angustia, estall6 en furor al conocer el fracaso de Zenker y recobrando las energias perdidas, exclamo: —Zenker, no le perdono a usted este tropiezo. Me esta demostrando que es un excelente general planeando batallas, pero que luego las pierde todas por no saber conducir sus tropas. El secretario se tragé la reprimenda excusandose: —Yo no puedo responder de lo que los demas hagan mientras no estoy presente. ;Pude figurarme que aquel par de imbéciles dejasen escapar al mejicano, amarrado como una res sin medio de defenderse? No podia dejar mas hombres a su cuidado, pues me hubiese quedado sin gente para intentar el rescate de su hija. —Lo que no debio usted dejar fue con vida a ese mastodonte. ¢De cuando confiaba usted en que Texas lo iba a cambiar por Vera? A él sdlo le interesa Stella y su herencia y lo demas no cuenta. —Bien, el caso es que todo ha fracasado y que hay que hacer algo. —Si, hay que hacer algo. Estoy dispuesto incluso a resucitar para el mundo con tal de rescatar a mi hija. Yo voy a tomar el asunto bajo mi mano. Siéntese y escriba. Zenker, dominado por el financiero, se sent6 ante una mesa y al cConniclooolks C@©