ComicBooks.com Register / Loginit's free!

Pulp Fiction, 1940 · page 24 of 102

Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 24: what you’re looking at

📖 Open the full issue in the page-flip reader →
Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 24: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)

Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

imprevisto o los que él se buscara por su propia cuenta. Esta confianza debia lamentarla mas tarde, pues tanto al salir de Austin como al llegar a San Antonio, no pudo darse cuenta de que alguien le seguia como si fuese su propia sombra. Su tenaz perseguidor no era otro que el falso anciano que le descubriera en Austin, el cual, armandose de una _ paciencia benedictina, habia estado espiando todos sus pasos hasta llegar a la estaci6n, donde le vio embarcar el caballo, comprendiendo que emprendia un viaje. Zenker dud6 entre quedarse en Austin o seguirle. La ausencia de Texas podia favorecer sus ambiciosos planes de apoderarse de Stella, vivisimo deseo que poseia, pues estaba poseido de que con la muchacha en su poder podria anular enormemente las actividades de su terrible enemigo, pero quedaba Nino con ella, y éste era tan peligroso o mas que el intrépido capitan. Luego estim6 que acaso le interesase mas saber qué clase de actividades movian a Jim a separarse de la muchacha y emprender aquel viaje. Zenker estaba creido que su objetivo inmediato era Washington para arreglar el asunto de la herencia, y ahora, al verle partir, sospeché que estaba metido en algun negocio de importancia que acaso le afectase a él y a sus intereses. Desechando sus dudas, sacod billete hasta San Antonio, convencido de que sélo podia ir alli, y celosamente espié todas las estaciones del transito por temor a que pudiese apearse en alguna intermedia. Pero llegaron a San Antonio sin novedad, y Zenker salid de la estaci6n pisandole los talones. Cuando le vio entrar en la posada supuso que se quedaria algun tiempo en el poblado, y oculto frente al hotel espero. Poco mas tarde le vio descender y penetrar en el comedor, y, sospechando que se entretendria mas de media hora en despachar la cena, abandon6 su observatorio y con rapidez se dirigi6 a un lugar determinado, sombrio e impresionante, donde varios antros de mala nota tenian su trono. Eligié uno titulado «El Oso Negro» penetr6 con decisi6én. Fl establecimiento contaba con un regular cuadrado donde bebian los clientes corrientes y un lugar reservado en el que solian reunirse algunos elementos sospechosos que necesitaban del cConniclooolks C@©