Pulp Fiction, 1940 · page 81 of 103
Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 81: what you’re looking at
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CAPITULO IX HORAS DE TRAGEDIA \ Oco antes de la hora de la cita, Zenker estaba ya en el domicilio de Belle, encerrado en el despachito. Muy intrigado por la llamada de Harnold, se preguntaba qué tendria que comunicarle el jefe supremo de la secta, pues él, a pesar de sus trabajos y de acuciar a la gente que tenia a sus ordenes, no habia conseguido adelantar un solo paso. Belle adivin6 que la entrevista iba a poseer gran trascendencia, y aprestése a escuchar tras el agujero. Si tenia la suerte de escuchar alguna conversacion decisiva, su intervenci6n en el asunto quedaria ultimada y podria desaparecer raudamente de Washington, antes de que «Los Hijos del Diablo» descubriesen su intervenci6n en el asunto y pudiesen tomar represalias sobre ella. A las tres lleg6 Harnold, siempre seguido de su escolta de honor. Aquello era algo que crispaba los nervios del diputado, y se preguntaba cémo podria deshacerse de los policias, pues presentia que, si las cosas se complicaban, no iba a poder intentar siquiera la huida. Tan preocupado iba, que apenas si emple6 un minuto en saludar a Belle. Hoscamente le dijo: cComiclbookks C@©