Pulp Fiction, 1940 · page 63 of 103
Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 63: what you’re looking at
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justificarse diciendo que los del Norte mataron a sus parientes, y usted en venganza, se afilid a la secta. Entonces, Harnold se descubrira a usted, se sentira mas seguro en su casa y a su lado, y hasta es facil que le haga participe de sus secretos. Este golpe teatral haria variar la cuesti6on. —Me pide usted una cosa peligrosa, Texas. —Simplemente, asegurar medio millén de ddélares y cobrarlos dentro de tres o cuatro dias. —Esta usted seguro? —Apostaria mi fortuna a que si. — Qué deberia hacer en tal caso? —Creo que es mejor que lo deje a su intuicién y discrecion. Las circunstancias suelen mandar muchas veces sobre las normas. Obraria usted con arreglo a como él se manifestase. Belle dud6 un momento con su temor. Sabia lo peligrosa que era la secta, y temia ser una victima mas de aquellos seres crueles y sin conciencia. Pero la valentia de Texas le contagiaba. El acababa de asegurar sencillamente que iba a intentar el registro, y ella no queria ser menos brava que el capitan. Con resolucion, contest6: —Bien; vea si encuentra esos documentos, y si no lo consigue, deme ese disco y detalles para que no me cojan en falta, en bien de todos. De lo demas me encargaré yo. —jBravo! Es usted una mujer de mi temple. No soy amigo de hacer promesas vanas, pero creo que, si todo sale bien y sin baches, conseguiré que mi amigo el secretario de Estado aumente un pico regular a lo ofrecido. —Gracias. Me interesa el dinero, no lo niego —es mi porvenir para cuando mi belleza esté en baja—, pero en este asunto hay algo mas que egoismo por mi parte. Es un deber de ciudadania prestar esa ayuda. —De acuerdo. Yo lo hago exponiendo mi vida sin retribucién alguna. No puedo hacer mas. Texas acompano a Belle a su casa, y se retiré a la suya a dar cuenta a Born de lo acordado. También llamo a _ Snock, advirtiéndole lo que intentaba hacer, para que diese orden de ser secundado. cConniclooolks C@©