Pulp Fiction, 1940 · page 90 of 92
Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 90: what you’re looking at
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al verle, clav6 en él sus ojos con terrible desprecio, rugiendo: —jAhora aparece usted!... ¢Cuando? ;Cuando ya nada ni nadie puede salvar a mi padre? El la tomo por las mufiecas apretandoselas con terrible fuerza y rugio: —jCallese! No acuse sin raz6n. He hecho lo que nadie hubiese sido capaz de hacer en el mundo. Me he jugado la vida por ayudarles a ustedes y he salvado de la muerte a su padre cuando ya no tenia remedio. — Qué dice usted ?—pregunt6 ella enajenada. —Levantese y vea. Le ahorcaron... ahi tiene la cuerda cortada por mi y en el cuello puede ver las senales. Le colgaron de un arbol y se fueron. Yo estaba escondido al otro lado de la ventana, expuesto a ser descubierto y segui todo sin ser observado. Admiré a su padre no dejandose intimidar y prefiriendo morir a acusarse y acusarme. Este acto de lealtad merecia otro analogo y apenas montaron a caballo, exponiéndome a ser visto y colgado como él, salté de la zanja, corté la cuerda, le meti aqui y he luchado mas de una hora para arrebatarselo a la muerte. Acérquese y vea cOmo respira. Vera, radiante de gozo, se acercé al caido comprobando la verdad de sus afirmaciones. Entonces se volvid a Zenker y tomandole de las manos balbucid: —Gracias, Zenker, gracias. No sé cémo podré pagarle. —Escuche, Vera—dijo él—. Lo he hecho mas que nada por usted, para demostrarle que soy leal y que la quiero de tal modo que haria por usted lo que nadie. Pude evadirme, vivir oculto en cualquier lugar gozando de lo que poseo y he renunciado a esa tranquilidad por usted. Si cree que eso puede tener un premio... s6lo aspiro a uno... Ella se qued6éd dudando un momento y luego, con fiereza, exclamo: —FEscuche Zenker, no le amaba, no le he amado nunca, crei que no le podria amar jamas, pero esto me ha conmovido de tal modo, que mis sentimientos cambian mucho hacia usted. Creo que le llegaré a amar, voy a intentarlo por todos los medios y quiza lo consiga, pero lo consiga o no, yo me casaré con usted un dia, con una condici6n. — Cual? —pregunt6 él anhelante. —F] dia que haya usted suprimido del mundo al capitan Texas y a ese odioso pistolero que le custodia. El levanté la mano solemnemente, afirmando: —Le juro que lo haré y hasta ese dia no volveré a molestarla con nuevas declaraciones. cConniclooolks C@©