Pulp Fiction, 1940 · page 6 of 92
Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 6: what you’re looking at
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Sobre su rodilla descansaba el ancho sombrero gris perla, de amplias alas, y entre sus dientes humeaba una negra pipa, que fumaba con displicencia. Estatico y sereno, no parecia demostrar impaciencia por la larga espera. Era hombre de nervios bien templados, sabiendo dominarlos cuando las circunstancias lo exigian. Con curiosidad seguia las entradas y salidas de los visitantes, hasta que una de las veces asomo por la puerta del despacho un perfil aguileno, de cana cabellera, quien haciéndole senas con una mano para que avanzara, no siguid la costumbre establecida de llamar por su nombre a quien se le hacia el honor de ser recibido. Cuando el visitante traspas6 la puerta del despacho y ésta se cerr6, el hombre del pelo canoso estrechando su mano con vehemencia, exclam6: —Bien, Jim, no sabes con la impaciencia que te estaba esperando. —No pude venir antes, Lewis. Estaba resolviendo asuntos en mis posesiones de California. En el momento que recibi tu extrana carta, me puse en camino y aqui me tienes. —Gracias, Jim, no sabes lo que te lo agradezco. No soy yo precisamente quien va a recibir el favor, sino la nacién entera. El senor Presidente te espera para confiarte una misién, y espero que Jim Texas, el héroe de Richmond y de tantas otras memorables acciones durante la guerra, no rehise una vez mas servir a su Patria. —Gracias por el honor, Lewis. Ti sabes que la Patria dispone de mi y de mi vida. Crei haber cumplido ya mi misi6n con ella, pero si tt. crees que no es asi... Disp6n como gustes de mi. —Bien, pasa. El senor Presidente te dara cuenta del objeto de la llamada. Cruzaron el pequeno antedespacho particular, penetrando en el sal6n donde el Jefe supremo de la nacién despachaba sus asuntos. Era una estancia grande, suntuosa, magnifica y soleada, y tras una soberbia mesa de nogal labrado, al fondo de la pieza se destacaba la figura del Presidente. Jim se cuadr6é militarmente al enfrentarse con él. Era un hombre de unos cincuenta y ocho anos, alto, fuerte, con una barba gris recortada y el pelo negro y crespo. En su porte habia también algo rigido de militar. El Presidente, al verle, se levant6 de su poltrona, y dirigiéndose a él, dijo con voz agradable: —Siéntese, capitan Texas. Y usted, Snok cierre bien las puertas y advierta que por hoy se han acabado las visitas. Vuelva inmediatamente —luego, dirigiéndose a Jim, anadio—: Quiero. ante C@©